domingo, 22 de mayo de 2011

faiblesse.

No quiero sentirlo nunca más. Se me agarra por dentro siempre que te veo. Es un frío que quema, atraviesa y quiebra huesos. Es herida, y es ahora también verso.

jueves, 19 de mayo de 2011

¿y tú qué dices, corazón?



que no se me acomode el amor para cuando estalle.

miércoles, 5 de enero de 2011

asi el mundo es más amable, menos raro

Quién te ve dentro de unos años. Consumida. Sin ningún rastro de juventud en tu piel. Sin el más mínimo atisbo de brillo en tus negros ojos. Con la sonrisa desdibujada y las ojeras maquillándote el rostro.
Pero te ríes. Y es que ni la cordura conservas. Euforia, nostalgia, euforia, y más euforia. ¿Es esto la vida? Dime, ¿Es esto lo que Dios preparó para ti? ¿Un camino de perdición y sufrimiento teñido por la sensación de libertad? Miras a tu alrededor y solo encuentras soledad. Y es que para ti no existe mejor compañía que ella. No necesitas a nadie que rompa tus silencios, ni tu calma; hace tiempo que las perdiste.
No hay palabras que te hagan recapacitar; para ti sólo existen reflejos en un cristal sucio. Porque a ella la consideras tu amiga. Tu familia. Tu aliento. A ella le confías tu vida día a día. Dejas que juegue con ella, a su antojo, para luego devolvértela cada vez más deteriorada. Y ya no hay nada que hacer. Bailáis juntas sobre el espejo, en cualquier olvidado rincón, sin mayor temor que el de que un día os separen. Ya nadie puede hacer nada por ti. Hace mucho que la gente dejó de creer en los milagros.

martes, 30 de noviembre de 2010

primavera ven y cúrame este invierno.

Hoy ha sido la primera noche.
Antes de salir del portal he tanteado con mis dedos descubiertos por el tacón si la noche estaba lo bastante fría como para salir, y aflojándome un poco el nudo de la bufanda he empezado a bajar la Castellana, jugando a mantener el equilibrio sobre diez centímetros de tacón de aguja. Me ardían las llemas de los dedos cuando he prendido el tercer cigarrillo de esta madrugada, cigarrillo que me ha dejado en los labios sabor a gélido Diciembre. Con la quinta calada se me ha escapado la primera media sonrisa: ya no recordaba lo bien y sucio que sabe el cóctel de humo y frío en los pulmones.

Era junio por la tarde y seguía lloviendo.

Tal vez fuera la amargura que destilaban sus pupilas, tan negras y tenues como el agujero que había quedado abierto en su pecho. Desde que él ya no estaba, más que aliento, le faltaban las fuerzas para hacer su cuerpo funcionar. Cuerpo. Mente. Corazón. Todo le trastabilleaba y acababa de bruces en el suelo cada vez que intentaba ponerlo en orden.

lunes, 4 de octubre de 2010

Donde duele inspira.

Puta, prostituta, fulana.
No sé que decirte, yo esto me lo cobro, claramante. Me lo cobro en dolores, en cada uno de esos golpes bajos de corazón que me das. ¿Cuál es el precio que pones a mis sentimientos? Me vendo para devolverte el mismo daño que me haces sentir. Luego quedo con mi conciencia, salimos juntas de viernes a domingo... ella me hace sentir tan sucia que me obliga a bañarme en alcohol hasta ahogar mis remordimientos, pero ya no sé si se ahogan o se destiñen cambiando de color, cayendome lentos y fríos por las mejillas. Mis lágrimas tienen un precio, aunque ese ya lo pongo yo. Has sido el primero, lo sabes, pero también deberías saber que no es algo por lo que sentirse orgulloso. Dame otra calada que quiero seguir fumandome tu recuerdo. No has llegado a ser amor y sin embargo me dueles más que una herida de bala. Sin ti me desangro, se me araña la piel, me deterioras pero no estoy peor a como estaba cuando me dabas los besos de buenas noches. Tengo agrietados los labios por los besos que me has robado, por los que me has hecho dar sin querer entregar. Siento que te has llevado algo mío ¿pero sabes qué? no quiero que me lo devuelvas.


¿Qué tienes en los ojos, nena, o es que vas a llorar?

jueves, 29 de julio de 2010

La soledad comienza.

Bebió de un trago todo el vodka que quedaba en su copa, manchando de carmín el borde del cristal. En aquel bar de mala muerte servían copas hasta el amanecer, y con la segunda consumición regalaban trece minutos para desahogarse con el gordo y viejo camarero.
Todo un palacio repleto de borrachos que paseaban con sus cervezas haciendo acrobacias para mantener el equilibrio. Mientras, ella miraba su vaso vacío- que nunca tardaba más de quince segundos en volver a estar lleno de alcohol, de problemas, de desesperaciones-, todos bebían y entonaban a pleno pulmón la canción que un tocadiscos hacía sonar. Conocía la voz que mecía al bar y, agarrando bien fuerte a su copa de vodka, cantó al hombre del piano acompañando a Billy Joel y a su banda de ebrios despreocupados a la vez que un horrible reloj de cuco no cesaba de marcar las cuatro.

Todos en aquel local bebían para olvidar durante una fría noche de enero, dejando fuera de las sucias paredes repletas de bourbons y Jack Daniels a una ciudad aburrida de vivir. Riendo y adentrándose en los bajos fondos, pero, sobre todo, no dejando lugar a los remordimientos.